Aaron Berenguer comenzó a trabajar con apenas 14 años en Casa Antonio Eventos. Allí descubrió el verdadero significado del esfuerzo, el respeto y la batalla diaria de la hostelería. Fue su primera casa, un lugar al que siempre guarda cariño y agradecimiento, y donde durante tres años entendió que la cocina no solo se aprende: también se vive.
La pasión por cocinar le viene de lejos. Tanto su abuela materna como la paterna marcaron profundamente su manera de entender la cocina y el producto. Dos mujeres trabajadoras, generosas y llenas de verdad, que hicieron que el amor por la mesa naciera de forma natural.
Más adelante llegó una etapa clave en su formación: La Finca de Susi Díaz, en Elche. Entró como estudiante en prácticas y, tras un año de trabajo y evolución constante, salió como jefe de partida.
Allí descubrió una nueva forma de entender la gastronomía. La precisión, la constancia, la tecnología, el tratamiento del producto y la disciplina marcaron una etapa decisiva en su carrera. Aaron absorbió cada aprendizaje con la intención de guardarlo para el futuro. Fue un año intenso y transformador, donde aprendió algunas de las cosas más bonitas que le ha dado la cocina.
Mientras Orma comenzaba a tomar forma, trabajó también durante temporada y media en Finca Atardecer, en Catral. Un entorno de campo, calma y viento donde encontró tiempo para escuchar, pensar y terminar de construir la idea de todo lo que vendría después.
Todos los lugares que han formado parte de su camino tienen algo en común: humildad, constancia y trabajo.
Y de todos ellos, Aaron absorbió lo mejor para construir lo que hoy representa Orma: una cocina honesta, viva y en constante evolución.